La Cocina de nuestras Madres
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Para cocinar hay que estar motivado, obviamente saber que vamos a hacer y con qué experiencia la realizaremos. Ya sea ejecutar lo que hemos aprendido en clases o en la vida de las andanzas por las alacenas… mientras seleccionamos los ingredientes al mismo tiempo que meditamos la mezcla de manjares, nuestra boca recuerda aquellos nostálgicos sabores de infancia: sencillos, contundentes, ¡bien ricos! se nos viene a la mente las enseñanzas antiguas y aquellos secretos de una persona muy especial que ha estado presente en nuestro progreso culinario.
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Mamá, amá, mamita, má… Se comenta mucho en los medios que gran cantidad de famosos chefs (y los menos conocidos) han obtenido su inspiración de cocinar por parte de sus madres, o sea fueron ellas quienes las impulsaron a ingresar al rubro o enseñarles el cariño de la buena cocina. Lo cual podemos aseverar que es cierto ya que puede ser nuestro pilar fundamental en formación y nuestra primera profesora que nos brinda clases de cocina previas a estudios profesionales.
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¿Y por qué nuestras madres? Primeramente las defendemos con ímpetu cuando se trata de decir: “quién es la mejor cocinera” o “que los platos de mi madre son los mejores” o “¡mi mama cocina delicioso!” Puesto que ella nos cría nuestros primeros sabores y nos da la bienvenida a la infinita gama de alimentos que nos queda por conocer, ella (según nosotros) hace el mejor guiso, el mejor arroz, las mejores pastas y las más ricas tartaletas o galletas. Y muy difícil será encontrar otras superiores a esas, puesto que nuestras papilas gustativas actúan como verdaderos archivadores de sabores donde los platos maternos están en primeras filas.
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Basta con que le pregunten a cualquier chef: ¿cuál es su plato preferido?, y casi siempre será algo sencillo que sus madres le han preparado. Y cuando comemos en otro lado algo con sabores parecidos, inmediatamente viajamos al pasado recordando aquellas frías tardes de otoño rodeado de calor materno y el calor del estofado.
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Y siempre cocinan bien, ¿no es así? Suele suceder que sazonan con mucho amor nuestras comidas, lo cual nos hechiza a continuar alabándolas. Es un ingrediente que nos gusta saborear, ¡y en abundancia! Las recetas al papel no admiten los aliños sentimentales, esas solo las encontramos en ellas. Cuando deben hacer comida para muchos de los invitados son capaces de lucirse y derrocar al más orgulloso chef, pero es mejor cuando cocinan solo para uno, disfrutar así de todo el cariño dedicado ya que en cada cucharada sabe mejor. En resumen nos hacen engordar… pero más el corazón.
Madre hay una sola, la de uno. Y cocina hay una sola, la buena.
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